sábado, 24 de enero de 2015

La rendición

Llegó el soldado, después de la batalla,
a aquel vasto y extenso territorio donde rendirse.
Sus heridas estaban tensas 
y la sangre fluía.

Desconocía que ese lugar existiese y no comprendía
 porqué le había costado tanto llegar.

Había atravesado montañas, ríos y mares.
Había herido a otros y le habían herido.

El desasosiego le llevó a una guerra sin fin.
Allí encontró al resto, luchando como él.

¡No os rindáis!
 ¡No os rindáis! 
Era la consigna universal.

Y sin embargo, llegó el momento de la rendición.
Tan dulce 
y tan inesperado 
que no lo pudo evitar.

Para llegar allí,
tuvo que dejar que sus heridas se aflojasen
y que toda la sangre fluyera sin control.

Todo para darse cuenta de que ese territorio 
siempre estuvo delante de él.


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