Nació una persona queriendo crecer y experimentar todo aquello que se encontrara a su paso.
Después de un tiempo cambió de opinión y quiso experimentar lo mismo que el otro.
Pero el resultado no fue el esperado.
Lo que el otro experimentaba no le satisfacía. Algo debía de estar haciendo mal.
¿Qué podía ser?
Así lo intentó una y otra vez.
Buscó a otras personas, otras experiencias, pero nada funcionaba.
Recorrió países que no le interesaron, siguió infinitas modas, probó diferentes religiones,
y nada.
Había que verla pasar frío en Rusia y calor en La India.
Utilizó botas de todos los tipos posibles (botines, botas camperas, de lluvia...).
Un verano bikini y, al siguiente, bañador.
Era católica de familia.
Pero se hizo budista, agnóstica y, en un acto de desesperación, atea.
Se casó, se separó.
Se volvió a casar, se divorció.
Y así se quedo, por miedo a que el siguiente matrimonio le llevase a la viudedad.
Y ahora se encuentra sentada justo en el medio del mundo.
Es un sitio mágico, que pocas personas conocen.
Llegó allí por casualidad buscando algo nuevo que copiar.
Cuando llegas allí olvidas lo que has vivido.
Es un estado temporal.
Pero dicen que, quien va, vuelve a su estado original.
Y así sucedió.
Al fin pudo esta persona experimentar todo lo que encontró a su paso.
¡y, desde entonces, se encontró genial!
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